Soy tu pequeña isla, que rodeas con tus aguas y navego por tus profundidades, altas y espigadas, y en su sombra los susurros llevo a tu alma.
lunes, 31 de octubre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
sábado, 29 de octubre de 2011
PRELUDIO A UN ENCUENTRO

Nos veremos algún día,
se cumplirá la esperanza nuestra,
el verso se hará realidad.
Te observaré despacio,
caminando a lo lejos
haciéndote infinito
por tus calles del viejo mundo,
por tus jardines embrujados
de poesía y música.
Dejaremos
huellas nuestras de amor,
por doquier,
y en todos y cada uno
de tus queridos rincones dejaré,
escritos en el aire,
poemas que se quedarán
en tu memoria,
para que nunca
sean olvidados.
Mis ojos antes tristes,
recobraran el brillo
al ver reflejada la luna,
con sus estrellas en tu rostro.
Respiraré muy hondo
buscando alguna cosa para decirte
y te veré acercarte
al tiempo que en mi mente
esbozaré algún verso,
apasionadamente.
Tal vez te toque apenas
con mis dedos tus labios,
y al mirarte a los ojos,
sentiré que me entrega tu alma.
Y ese tierno beso tan ansiado
llegara rozando nuestros labios,
sellando nuestro encuentro,
en el preludio de mis ojos oscuros,
bajo la luz de la luna,
a la sombra de una farola,
encendida por tus besos,
escuchare tus versos
al dulce son de un amoroso bandolín.
viernes, 28 de octubre de 2011
ÁLGEBRA DE AMOR
Algebra del amor - Fernando Urena Rib -poesia musicada
..
"Algebra del amor" - F. Ureña Rib - Pedsarod por pedsarod
..
"Algebra del amor" - F. Ureña Rib - Pedsarod por pedsarod
jueves, 27 de octubre de 2011
MI ESPALDA......

Reconoces en mi espalda
escenario de tus fantasías.
el lóbulo donde posarás tus labios,
tus besos se deslizan
como lluvia por mi ventana.
Tus caricias
recorren mi paisaje,
mientras tus manos deslizando,
encuentran su destino,
exploran mis surcos,
acariciando mis montanas de jaspe,
recorre mi cordillera
como ofrenda de ternura
y amor.
Mi piel pierde el control,
palpitando la rosa,
que se deshoja,
al suave toque,
me recuerdas que el amor
tiene un lenguaje,
que se escribe con la tinta,
de tus manos.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Huracán de amor

Tiempo que se hace suave,
tan disfrutado a tu lado
largas miradas cómplices.
Tu palabra,
abrazo mi oído en tu pecho,
latidos de paz
que calma mi alma.
Te amo,
por lo que soy
cuando estoy contigo.
Un huracán de amor,
de mi trópico,
que con sus rayos
te beso
y con sus truenos
te amo.
Y si alguna vez el tiempo,
corroe nuestro amor,
juntos escudriñemos
la esencia,
el sinónimo,
la rima,
la poesía,
que nos demore el momento,
para cubrir de ternura,
a la rutina, al tedio
Y que suene
en nuestros oídos.
Un ¡Te Amo!
martes, 25 de octubre de 2011
¿Por qué escribir?
Interesante escrito me llego al correo.......
¿Por qué escribir?
Jean Paúl Sartre (1905-1980)
Cada cual tiene sus razones: para éste, el arte es un escape; para aquél, un modo de conquistar. Pero cabe huir a una ermita, a la locura, a la muerte y cabe conquistar con las armas. ¿Por qué precisamente escribir, hacer por escrito esas evasiones y esas conquistas? Es que, detrás de los diversos propósitos de los autores, hay una elección más profunda e inmediata, común a todos. Vamos a intentar una elucidación de esta elección y veremos si no es ella misma lo que induce a reclamar a los escritores que se comprometan.
Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es "reveladora", es decir, de que "hay" ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan; es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo. Pero, si sabemos que somos los detectores del ser, sabemos también que no somos sus productores. Si le volvemos la espalda, ese paisaje quedará sumido en su permanencia oscura. Quedará sumido por lo menos; no hay nadie tan loco que crea que el paisaje se reducirá a la nada. Seremos nosotros los que nos reduciremos a la nada y la tierra continuará en su letargo hasta que otra conciencia venga a despertarla. De este modo, a nuestra certidumbre interior de ser "reveladores" se une la de ser inesenciales en relación con la cosa revelada.
Uno de los principales motivos de la creación artística es indudablemente la necesidad de sentirnos esenciales en relación con el mundo. Este aspecto de los campos o del mar y esta expresión del rostro por mí revelados, cuando los fijo en un cuadro o un escrito, estrechando las relaciones, introduciendo el orden donde no lo había, imponiendo la unidad de espíritu a la diversidad de la cosa, tienen para mi conciencia el valor de una producción, es decir, hacen que me sienta esencial en relación con mi creación. Pero esta vez, lo que se me escapa es el objeto creado: no puedo revelar y producir a la vez. La creación pasa a lo inesencial en relación con la actividad creadora. Por de pronto, aunque parezca a los demás algo definitivo, el objeto creado siempre se nos muestra como provisional: siempre podemos cambiar esta línea, este color, esta palabra. El objeto creado no se impone jamás. Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro: ,,¿Cuándo debo estimar que mi cuadro está acabado?" Y el maestro contestó: "Cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: "¡Soy yo quien ha hecho esto!" Lo que equivale a decir: nunca. Pues esto equivaldría a contemplar la propia obra con ojos ajenos y a revelar lo que se ha creado. Pero es manifiesto que cuanto más conciencia tenemos de nuestro actividad creadora menos tenemos de la cosa creada. Cuando se trata de una vasija o un cajón que fabricamos conforme a las normas tradicionales y con útiles cuyo empleo está codificado, es el famoso "se" de Heidegger lo que trabaja por medio de nuestras manos. En este caso, el resultado puede parecernos lo bastante extraño a nosotros como para conservar a nuestros ojos su objetividad. Pero, si producimos nosotros mismos las normas de la producción, las medidas y los criterios y si nuestro impulso creador viene de lo más profundo del corazón, no cabe nunca encontrar en la obra otra cosa que nosotros mismos: somos nosotros quienes hemos inventado las leyes con las que juzgamos esa obra; vemos en ella nuestra historia, nuestro amor, nuestra alegría; aunque la contemplemos sin volverla a tocar, nunca nos entrega esa alegría o ese amor, porque somos nosotros quienes ponernos esas cosas en ella; los resultados que hemos obtenido sobre el lienzo o sobre el papel no nos parecen nunca objetivos, pues conocemos demasiado bien los procedimientos de los que son los efectos. Estos procedimientos continúan siendo un hallazgo subjetivo: son nosotros mismos, nuestra inspiración, nuestra astucia, y, cuando tratamos de percibir nuestra obra, todavía la creamos, repetimos mentalmente las operaciones que la han producido y cada uno de los aspectos se nos manifiesta como un resultado. Así, en la percepción, el objeto se manifiesta como esencial y el sujeto como inesencial; éste busca la esencialidad en la creación y la obtiene, pero entonces el objeto se convierte en inesencial.
En parte alguna se hace esta dialéctica más evidente que en el arte de escribir. El objeto literario es un trompo extraño que sólo existe en movimiento. Para que surja, hace falta un acto concreto que se denomina la lectura y, por otro lado, sólo dura lo que la lectura dure. Fuera de esto, no hay más que trazos negros sobre el papel. Ahora bien, el escritor no puede leer lo que escribe, mientras que el zapatero puede usar los zapatos que acaba de hacer, si son de su número, y el arquitecto puede vivir en la casa que ha construido. Al leer, se prevé, se está a la espera. Se prevé el final de la frase, la frase siguiente, la siguiente página; se espera que se confirmen o se desmientan las previsiones; la. lectura se compone de una multitud de hipótesis, de sueños y despertares, de esperanzas y decepciones; los lectores se hallan siempre más adelante de la frase que leen, en un porvenir solamente probable que se derrumba en parte y se consolida en otra parte a medida que se avanza, en un porvenir que retrocede de página a página y forma el horizonte móvil del objeto literario. Sin espera, sin porvenir, sin ignorancia, no hay objetividad. Ahora bien, la operación de escribir supone una cuasi-lectura implícita que hace la verdadera lectura imposible. Cuando las palabras se forman bajo la pluma, el autor las ve, sin duda, pero no las ve como el lector, pues las conoce antes de escribirlas; su mirada no tiene por función despertar rozando las palabras dormidas que están a la espera de ser leídas, sino de controlar el trazado de los signos; es una misión puramente reguladora, en suma, y la vista nada enseña en este caso, salvo los menudos errores de la mano. El escritor no prevé ni conjetura: proyecta. Con frecuencia, se espera; espera, como se dice, la inspiración. Pero no se espera a sí mismo como se espera a los demás; si vacila, sabe que el porvenir no está labrado, que es él mismo quien tiene que labrarlo, y, si ignora todavía qué va a ser de su héroe, es sencillamente que todavía no ha pensado en ello, que no lo ha decidido; entonces, el futuro es una página en blanco, mientras que el futuro del lector son doscientas paginas llenas de palabras que le separan del fin. Así, el escritor no hace más que volver a encontrar en todas partes su saber, su voluntad, sus proyectos; es decir, vuelve a encontrarse a sí mismo; no tiene jamás contacto con su propia subjetividad y el objeto que crea está fuera de alcance: no lo crea para él. Si se relee, es ya demasiado tarde; su frase no será jamás a sus ojos completamente una cosa. El escritor va hasta los límites de lo subjetivo, pero no los franquea: aprecia el efecto de un rasgo, de una máxima, de un adjetivo bien colocado, pero se trata del efecto sobre los demás; puede estimarlo, pero no volverlo a sentir. Proust nunca ha descubierto la homosexualidad de Charlus, porque la tenía decidida antes de iniciar su libro. Y si la obra adquiere un día para su autor cierto aspecto de subjetividad, es que han transcurrido los años y que el autor ha olvidado lo escrito, no tiene ya en ello arte ni parte y no sería ya indudablemente capaz de escribirlo. Tal vez es el caso de Rousseau volviendo a leer El contrato social al final de su vida.
No es verdad, pues, que se escriba para sí mismo: sería el mayor de los fracasos; al proyectar las emociones sobre el papel, apenas se lograría procurarles una lánguida prolongación. El acto creador no es más que un momento incompleto y abstracto de la producción de una obra; si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera, jamás su obra vería la luz como objeto; no habría más remedio que dejar la pluma o desesperarse. Pero la operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico y estos dos actos conexos necesitan dos agentes distintos. Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario, que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás.
Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – ídem, 15 de abril de 1980), conocido comúnmente como Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. Fue el décimo escritor francés seleccionado como Premio Nobel de Literatura, en 1964, pero lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones. Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir.
¿Por qué escribir?
Jean Paúl Sartre (1905-1980)
Cada cual tiene sus razones: para éste, el arte es un escape; para aquél, un modo de conquistar. Pero cabe huir a una ermita, a la locura, a la muerte y cabe conquistar con las armas. ¿Por qué precisamente escribir, hacer por escrito esas evasiones y esas conquistas? Es que, detrás de los diversos propósitos de los autores, hay una elección más profunda e inmediata, común a todos. Vamos a intentar una elucidación de esta elección y veremos si no es ella misma lo que induce a reclamar a los escritores que se comprometan.
Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es "reveladora", es decir, de que "hay" ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan; es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo. Pero, si sabemos que somos los detectores del ser, sabemos también que no somos sus productores. Si le volvemos la espalda, ese paisaje quedará sumido en su permanencia oscura. Quedará sumido por lo menos; no hay nadie tan loco que crea que el paisaje se reducirá a la nada. Seremos nosotros los que nos reduciremos a la nada y la tierra continuará en su letargo hasta que otra conciencia venga a despertarla. De este modo, a nuestra certidumbre interior de ser "reveladores" se une la de ser inesenciales en relación con la cosa revelada.
Uno de los principales motivos de la creación artística es indudablemente la necesidad de sentirnos esenciales en relación con el mundo. Este aspecto de los campos o del mar y esta expresión del rostro por mí revelados, cuando los fijo en un cuadro o un escrito, estrechando las relaciones, introduciendo el orden donde no lo había, imponiendo la unidad de espíritu a la diversidad de la cosa, tienen para mi conciencia el valor de una producción, es decir, hacen que me sienta esencial en relación con mi creación. Pero esta vez, lo que se me escapa es el objeto creado: no puedo revelar y producir a la vez. La creación pasa a lo inesencial en relación con la actividad creadora. Por de pronto, aunque parezca a los demás algo definitivo, el objeto creado siempre se nos muestra como provisional: siempre podemos cambiar esta línea, este color, esta palabra. El objeto creado no se impone jamás. Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro: ,,¿Cuándo debo estimar que mi cuadro está acabado?" Y el maestro contestó: "Cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: "¡Soy yo quien ha hecho esto!" Lo que equivale a decir: nunca. Pues esto equivaldría a contemplar la propia obra con ojos ajenos y a revelar lo que se ha creado. Pero es manifiesto que cuanto más conciencia tenemos de nuestro actividad creadora menos tenemos de la cosa creada. Cuando se trata de una vasija o un cajón que fabricamos conforme a las normas tradicionales y con útiles cuyo empleo está codificado, es el famoso "se" de Heidegger lo que trabaja por medio de nuestras manos. En este caso, el resultado puede parecernos lo bastante extraño a nosotros como para conservar a nuestros ojos su objetividad. Pero, si producimos nosotros mismos las normas de la producción, las medidas y los criterios y si nuestro impulso creador viene de lo más profundo del corazón, no cabe nunca encontrar en la obra otra cosa que nosotros mismos: somos nosotros quienes hemos inventado las leyes con las que juzgamos esa obra; vemos en ella nuestra historia, nuestro amor, nuestra alegría; aunque la contemplemos sin volverla a tocar, nunca nos entrega esa alegría o ese amor, porque somos nosotros quienes ponernos esas cosas en ella; los resultados que hemos obtenido sobre el lienzo o sobre el papel no nos parecen nunca objetivos, pues conocemos demasiado bien los procedimientos de los que son los efectos. Estos procedimientos continúan siendo un hallazgo subjetivo: son nosotros mismos, nuestra inspiración, nuestra astucia, y, cuando tratamos de percibir nuestra obra, todavía la creamos, repetimos mentalmente las operaciones que la han producido y cada uno de los aspectos se nos manifiesta como un resultado. Así, en la percepción, el objeto se manifiesta como esencial y el sujeto como inesencial; éste busca la esencialidad en la creación y la obtiene, pero entonces el objeto se convierte en inesencial.
En parte alguna se hace esta dialéctica más evidente que en el arte de escribir. El objeto literario es un trompo extraño que sólo existe en movimiento. Para que surja, hace falta un acto concreto que se denomina la lectura y, por otro lado, sólo dura lo que la lectura dure. Fuera de esto, no hay más que trazos negros sobre el papel. Ahora bien, el escritor no puede leer lo que escribe, mientras que el zapatero puede usar los zapatos que acaba de hacer, si son de su número, y el arquitecto puede vivir en la casa que ha construido. Al leer, se prevé, se está a la espera. Se prevé el final de la frase, la frase siguiente, la siguiente página; se espera que se confirmen o se desmientan las previsiones; la. lectura se compone de una multitud de hipótesis, de sueños y despertares, de esperanzas y decepciones; los lectores se hallan siempre más adelante de la frase que leen, en un porvenir solamente probable que se derrumba en parte y se consolida en otra parte a medida que se avanza, en un porvenir que retrocede de página a página y forma el horizonte móvil del objeto literario. Sin espera, sin porvenir, sin ignorancia, no hay objetividad. Ahora bien, la operación de escribir supone una cuasi-lectura implícita que hace la verdadera lectura imposible. Cuando las palabras se forman bajo la pluma, el autor las ve, sin duda, pero no las ve como el lector, pues las conoce antes de escribirlas; su mirada no tiene por función despertar rozando las palabras dormidas que están a la espera de ser leídas, sino de controlar el trazado de los signos; es una misión puramente reguladora, en suma, y la vista nada enseña en este caso, salvo los menudos errores de la mano. El escritor no prevé ni conjetura: proyecta. Con frecuencia, se espera; espera, como se dice, la inspiración. Pero no se espera a sí mismo como se espera a los demás; si vacila, sabe que el porvenir no está labrado, que es él mismo quien tiene que labrarlo, y, si ignora todavía qué va a ser de su héroe, es sencillamente que todavía no ha pensado en ello, que no lo ha decidido; entonces, el futuro es una página en blanco, mientras que el futuro del lector son doscientas paginas llenas de palabras que le separan del fin. Así, el escritor no hace más que volver a encontrar en todas partes su saber, su voluntad, sus proyectos; es decir, vuelve a encontrarse a sí mismo; no tiene jamás contacto con su propia subjetividad y el objeto que crea está fuera de alcance: no lo crea para él. Si se relee, es ya demasiado tarde; su frase no será jamás a sus ojos completamente una cosa. El escritor va hasta los límites de lo subjetivo, pero no los franquea: aprecia el efecto de un rasgo, de una máxima, de un adjetivo bien colocado, pero se trata del efecto sobre los demás; puede estimarlo, pero no volverlo a sentir. Proust nunca ha descubierto la homosexualidad de Charlus, porque la tenía decidida antes de iniciar su libro. Y si la obra adquiere un día para su autor cierto aspecto de subjetividad, es que han transcurrido los años y que el autor ha olvidado lo escrito, no tiene ya en ello arte ni parte y no sería ya indudablemente capaz de escribirlo. Tal vez es el caso de Rousseau volviendo a leer El contrato social al final de su vida.
No es verdad, pues, que se escriba para sí mismo: sería el mayor de los fracasos; al proyectar las emociones sobre el papel, apenas se lograría procurarles una lánguida prolongación. El acto creador no es más que un momento incompleto y abstracto de la producción de una obra; si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera, jamás su obra vería la luz como objeto; no habría más remedio que dejar la pluma o desesperarse. Pero la operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico y estos dos actos conexos necesitan dos agentes distintos. Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario, que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás.
Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – ídem, 15 de abril de 1980), conocido comúnmente como Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. Fue el décimo escritor francés seleccionado como Premio Nobel de Literatura, en 1964, pero lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones. Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir.
lunes, 24 de octubre de 2011
domingo, 23 de octubre de 2011
Cómplice del viento
Cómplice del viento.....
Soy cómplice del viento,
de sus diferentes sonidos,
que me roban la paz,
o me traen la calma,
acaricia tu piel.
Tu mirada se hace
cómplice de tu pensamiento,
en mi mirada ves
el corazón que te ama.
Soy cómplice del viento
de mis deseos,
ansias del amar,
miradas no furtivas,
provocan más miradas,
piel que casi ni se tocan,
pero que son cómplices,
sólo deseo que el viento
me lleve a ti y me diga
cuanto me amas.
Y en la complicidad de las letras,
el viento lleva mis manos,
entre versos y miradas,
cómplice de nuestros
ojos distantes
que nacen del fondo del corazón
y te dicen cuanto te amo….
Soy cómplice del viento,
de sus diferentes sonidos,
que me roban la paz,
o me traen la calma,
acaricia tu piel.
Tu mirada se hace
cómplice de tu pensamiento,
en mi mirada ves
el corazón que te ama.
Soy cómplice del viento
de mis deseos,
ansias del amar,
miradas no furtivas,
provocan más miradas,
piel que casi ni se tocan,
pero que son cómplices,
sólo deseo que el viento
me lleve a ti y me diga
cuanto me amas.
Y en la complicidad de las letras,
el viento lleva mis manos,
entre versos y miradas,
cómplice de nuestros
ojos distantes
que nacen del fondo del corazón
y te dicen cuanto te amo….
viernes, 21 de octubre de 2011
ESTACIONES DE AMOR...

OTONO...
Noviembre 2010
Me dijiste te quiero,
mientras tus ojos esmeralda,
hablaban con la mirada,
y la tormenta del alma,
se volvió lluvia bendita,
cuando dulcemente,
de tus labios salió.
¡!Te quiero!!
INVIERNO...
Diciembre..
Doce campanadas,
que llegaron a mí,
doce besos,
que llegarán a mí,
mojados en champán.
Enero…
Amor que abraza mi alma,
temblor del cuerpo,
estallido de mi esencia
envolviéndome el espíritu,
que gime de felicidad,
cuando tu alma y la mía,
se entrelazan,
nada diferencia el día y la noche,
así llegas a mí,
en el frío de la noche o el calor del día.
Febrero…
Por amor,
el sueño se vuelve infinito,
acariciando las mañanas,
cubriéndome en las noches,
caminando tus palabras,
por mis pensamientos,
esas palabras que inventas,
sacadas de tu castellano tan personal,
y que tan solo por amor,
yo entiendo.
PRIMAVERA...
Marzo…
No habrá vientos,
que hagan temblar,
la raíz de nuestro amor.
eres un receptáculo de sentimientos,
cada uno me pertenece,
cuando en tu pasión y tu ternura,
me pierdo cada día,
y entre un beso,
un te quiero y otro beso,
suspiros que recojo de tu amor,
eres el poema hecho ternura,
escrito con la pasión de mi alma.
Abril…
Me perdí en tus brazos,
en tu amor,
en tu mirada de hombre soñador,
cual rayos de sol,
acariciando mi piel,
mientras mi luna,
coqueteaba con tu alma.
Mayo…
Caigo de amor en plenitud.
Ángel de amor que me inspira,
soñar que te beso,
pasión desenfrenada que me mira.
Atada en la cárcel de tu corazón,
envuelta con tus cadenas.
Feliz prisionera estoy en la cárcel,
de tu pasión
de tus caricias
de tu mirar
de tu piel
de tu amor.
VERANO....
Junio....
Al borde del placer,
te espero,
donde la ternura
se vuelve tempestad,
y anidan las caricias más delicadas
lugar de exaltaciones indecibles,
y las pasiones se unen,
en la cúspide de mis senos,
en las curvas que marcan,
mi cuerpo, en la suavidad de mi piel,
en mi besos,
donde empiezan los acordes,
de un bolero.
Julio.....
Es el Amor que corre
por entre las arboledas,
arañándoles las cortezas,
desordenando las copas,
girando en torno al poniente,
en busca de los dorados besos.
Amor que ante nada se contiene
sino ante su mismo Amor
Agosto.
En la sombra silenciosa
me envuelves en tu manto,
me atas con la cuerda que vibra con el amor,
que amanece en tus labios,
como un yugo de locura,
y pasión,
sin nada ni nadie,
nos rebele ni corte la cuerda.
OTOÑO....
Septiembre..
Suspendida quedó el alma,
derramada en el camino.
Colgada de tu alma quedó
de los pasos nunca perdidos.
En la cima de los sueños,
entre versos aún dormidos,
silenciosos,
renovados,
escondidos…
Esperando despertar
de su letargo, desvarío,
cuando tus ojos desanden
los caminos en los míos.
Octubre…
Quedarán tus huellas,
como estela que el amor
estrechará entre sus brazos,
quedará impregnada en el alma,
en los amaneceres de la piel,
en los labios húmedos,
allí plántaste tus surcos,
en la esencia de la pureza,
no siendo una felicidad fugaz,
al mirarlas sentirás el fruto,
de tus huellas, fraguadas,
desnuda como mi alma,
tatuada en mi piel,
como versos de amor.
Noviembre..
Un año en que tus versos,
como lluvia de otoño
mi piel acarició,
El otoño se volvió verano,
y el verano fue otoño.
Estación de la quimera
que unió tú alma y la mía,
en el noviembre de nuestro amor,
Y susurró tu nombre....
martes, 18 de octubre de 2011
NOVIEMBRE DE AMOR

Bendito sea el aÑo
Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.
Francesco Petrarca
Noviembre
llego una vez más.
Noviembre de amor
abriendo las puertas del cielo,
envolviéndome con sus alas,
¡Ay mi ángel de amor!
Ilusiones hechas sinfonías,
sueños hechos pasión,
matices hechos días,
enseñan el horizonte
Que nuestro ya, hoy, es.
Bendito noviembre
Que tu verde mirada,
devolvió mi esperanza:
Dulzura y arrullo de tus pupilas.
No hubo una luna más hermosa,
Que mi luna llena
reflejada en tus ojos,
cuando me dijiste:
Te amo.
UN AÑO de tus besos
Que mis labios de amor llenaron.
Y susurró tu nombre….
Un año en que tus versos,
Como lluvia de otoño
Mi piel acariciaron,
El otoño se volvió verano,
y el verano fue otoño.
Estación de la quimera
Que unió tu alma y la mía,
En el noviembre de nuestro amor,
Y susurró tu nombre….
sábado, 15 de octubre de 2011
TIERRA LEJANA.......

Levante la vista
hacia las estrellas,
y vi tu rostro,
reflejado en los cielos.
Vi tu sonrisa
en la luz de la alborada.
Tus ojos brillan
entre el celaje oscuro de la noche,
cuando miro hacia el cielo
veo tu mirada,
a mi alrededor,
y te veo en todas partes.
Estás en mis pensamientos,
mis sueños, mi corazón,
mi alma.
Podemos estar en silencio,
pero siempre conectado
Estamos uno del otro,
en tierra lejana,
las alas opuestas de las aves,
del sol y la luna.
Entonces vino a mí
el sol ennobleció la tierra,
con el calor de sus rayos
y la Luna
se escapó de la oscuridad,
unión de dos almas.
Dueño eres de los secretos
de mi corazón,
vestida estoy de flores de verano
para tus manos heladas del invierno,
que mi sol calienta,
en tus noches de luna fría.
jueves, 13 de octubre de 2011
TU IMAGEN LUNAR.....

Sentimiento
con claridad celeste,
amor en los ojos,
melancólica luna,
atraviesa los confines del cielo.
Cielo abajo, piel abajo.
riega, de anochecer
los caminos,
y un silencio de trompetas,
en los pasajes húmedos,
donde a sus rayos responde la piel,
el lazo se hace y deshace
Los cirios de Orión,
ven las almas
y los cuerpos enlazados
astral escenario lunar,
de profundos cortinajes
sobre el resplandor sonoro.
Dices sólo una palabra,
la palabra del tacto, la luna
que ahora tomo en mis manos,
la luna hecha tu imagen.
DIA Y NOCHE
Entre el día y la noche
se pasa la vida,
corre cada instante asestando heridas
lo que es con luz, también es a oscuras
aras del vivir y son bienvenidas.
De este a oeste y de norte a sur
como polo a polo, así de distantes
esa charla cerca entre mi alma y tú
A la par saltamos a esa rutina,
yo a la luna adiós, tu gran acogida,
en mi es la dicha de empezar el día,
en ti a otro más das la despedida.
No hay entre la charla un café humeante,
hay una frontera, distancia incesante,
solo una pantalla que une a los dos.
Entre ambos hay una gran muralla
barreras en todo, menos en el alma
es lo que alimenta de vivir la vida
tener compañía para estar en calma.
Son, gratas ilusiones, son dulces esperanzas,
son acabar con eso que un día nos mató,
y en el amor, ganar la confianza
esa, que la soledad no la destruyó.
Y así pasamos, viviendo, existiendo
rodeados de seres en eterno choque
y al encontrar con quien entendernos
estamos tan lejos…
¡ Como el día y la noche !

martes, 11 de octubre de 2011
Todo Lo Que Hago Lo Hago Por Ti
Dedicada a la princesita dominicana....
.
Una canción tan hermosa como ella, tan dulce como su sonrisa y tan romántica como su poesía...
.
Un besito, Tibi
Gracias Pum hermosa canción me regala.
.
Una canción tan hermosa como ella, tan dulce como su sonrisa y tan romántica como su poesía...
.
Un besito, Tibi
Gracias Pum hermosa canción me regala.
lunes, 10 de octubre de 2011
TUS HUELLAS

Quedarán tus huellas
como marca en mi corazón,
hilera del camino,
donde siempre me encontraras.
Tus pasos no serán olvidado,
siempre escucharas
el palpitar de quien
espera por ti.
Quedaran tus huellas,
como estela que el amor
estrechara entre sus brazos,
quedaran, impregnada en el alma,
en los amaneceres de la piel,
en los labios húmedos,
allí plántate tus surcos,
en la esencia de la pureza,
no siendo una felicidad fugaz,
al mirarlas sentirás el fruto,
de tus huellas, fraguadas,
desnuda como mi alma,
tatuada en mi piel,
como versos de amor.
viernes, 7 de octubre de 2011
Huellas de amor
Huellas de amor
son las que tu padre mío,
pasos a paso fuistes dejando,
en mi recorrer a tu lado.
Me enseñaste
a amar y a confiar,
fuistes mi maestro
tierno y admirado,
me iniciaste en el camino,
de tus manos,
que tu ya habías transitado,
de amor, luz, ternura, sabiduria,
con sus alegrías y tristezas,
huellas intensas,
de supervivencias,
para continuar luchando.
Que con solo pensarte,
conmueves mi vida
haces palpitar mi corazón,
como nadie lo haría.
Has dejado huellas,
que ni el tiempo, ni la vida,
jamás podrán deshacer.
Huellas de tus ojos amorosos,
vigilando con su mirar,
las profundidades de mi alma.
Huellas de amor
que quedaron esculpidas,
caladas, hondas,
muy dentro de mi alma y corazón.
son las que tu padre mío,
pasos a paso fuistes dejando,
en mi recorrer a tu lado.
Me enseñaste
a amar y a confiar,
fuistes mi maestro
tierno y admirado,
me iniciaste en el camino,
de tus manos,
que tu ya habías transitado,
de amor, luz, ternura, sabiduria,
con sus alegrías y tristezas,
huellas intensas,
de supervivencias,
para continuar luchando.
Que con solo pensarte,
conmueves mi vida
haces palpitar mi corazón,
como nadie lo haría.
Has dejado huellas,
que ni el tiempo, ni la vida,
jamás podrán deshacer.
Huellas de tus ojos amorosos,
vigilando con su mirar,
las profundidades de mi alma.
Huellas de amor
que quedaron esculpidas,
caladas, hondas,
muy dentro de mi alma y corazón.
miércoles, 5 de octubre de 2011
NUBES DE SILENCIO...
No quiero llorarte en mi tristeza,
ni pensarte en mi melancolía
que en mi alma surge,
que me lleva a caminar
sobre nubes de silencio,
de sombras,
color de la nada,
envuelta de frio.
Reflejo de mis pupilas,
en el espejo,
sin brillos,
ilusiones muertas
que lánguidas se apagan
como se extinguen los cirios.
No sé,
si es real lo que pienso,
o quimérico, pero
estoy en temibles tormentas,
de negros celajes de silencio.
Un vahído desconcierto
ahoga mi alma,
que no admite razón.
ni pensarte en mi melancolía
que en mi alma surge,
que me lleva a caminar
sobre nubes de silencio,
de sombras,
color de la nada,
envuelta de frio.
Reflejo de mis pupilas,
en el espejo,
sin brillos,
ilusiones muertas
que lánguidas se apagan
como se extinguen los cirios.
No sé,
si es real lo que pienso,
o quimérico, pero
estoy en temibles tormentas,
de negros celajes de silencio.
Un vahído desconcierto
ahoga mi alma,
que no admite razón.
martes, 4 de octubre de 2011
CUANDO
Los brazos de la noche
me acurrucaron,
el sonido del amanecer
es el que no escucho,
Porque no es esta noche
si no todos los ocasos
que no iluminan.
Porque no se ve
el final del horizonte,
Porque simplemente
aquí hay un precipicio.
Cuando voy a sentir
la brisa que me acaricie
y no que me derribe
con su fuerza.
Aquí no hay más que mi alma
riñendo por un amanecer.
Cuando abra mis ojos
sabré que fue mi corazón
quien naufragó en un oscuro sueño.
me acurrucaron,
el sonido del amanecer
es el que no escucho,
Porque no es esta noche
si no todos los ocasos
que no iluminan.
Porque no se ve
el final del horizonte,
Porque simplemente
aquí hay un precipicio.
Cuando voy a sentir
la brisa que me acaricie
y no que me derribe
con su fuerza.
Aquí no hay más que mi alma
riñendo por un amanecer.
Cuando abra mis ojos
sabré que fue mi corazón
quien naufragó en un oscuro sueño.
lunes, 3 de octubre de 2011
Dueño mío
Amor mío,
ansiosa soy de tu amor,
que pones a tus caprichos
por sobre mis recelos
que transitas
todo el espacio por utopías,
que eres tan mío
como la noche y el día,
como mi mar y mi cielo.
Dueño mío,
insistente que me derrota,
eres manantial
de todas mis tristezas,
de todas mis alegrías,
Intuye por Dios que te amo.
Dueño mío,
tu nombre es amor,
fantasma de éste corazón
dueño de mi inmenso firmamento,
que con suave arpa de viento,
acaricia nuestro querer.
.
ansiosa soy de tu amor,
que pones a tus caprichos
por sobre mis recelos
que transitas
todo el espacio por utopías,
que eres tan mío
como la noche y el día,
como mi mar y mi cielo.
Dueño mío,
insistente que me derrota,
eres manantial
de todas mis tristezas,
de todas mis alegrías,
Intuye por Dios que te amo.
Dueño mío,
tu nombre es amor,
fantasma de éste corazón
dueño de mi inmenso firmamento,
que con suave arpa de viento,
acaricia nuestro querer.
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